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miércoles, 4 de julio de 2012

La costa camboyana

Entre los mochileros que recorren el sudeste asiático, son muy populares las playas tailandesas. Aguas azules y limpias, arenas blancas y finas, palmeritas a lo largo de toda la playa y gran ambiente de fiesta por las noches. Menos conocida es la costa camboyana que, siendo más económica para el viajero, también ofrece sus pequeños paraísos.
Uno de los destinos playeros más populares aquí es la ciudad de Sihanoukville, a unas 4-5h de la capital. Nosotros nos alojamos en la zona de los mochileros, en Serendipity beach, que ofrece una amplia variedad de restauración y ocio, tanto diurno como nocturno.

La playa de Serendipity, y su continuación Ochheuteal, están repletas de chiringuitos y terrazas donde la gente se planta para pasar el día. La playa no está nada mal, el problema es la sobresaturación de turistas y la venta ambulante que puede llegar a ser muuuuy pero que muy cargante.
Cómo huir del gentío y disfrutar de unos verdaderos días de relax? Pues cogiendo un barquito hacia alguna de las islas que hay enfrente. Koh Rong fue la elegida para nuestro retiro y hemos vuelto encantados con su belleza.

El viaje en barco dura tan solo dos horas y te deja en el puerto del extremo sureste de la isla. Allí solo hay un puñado de guesthouses con bungalows a pie de playa y otros pocos restaurantes. La playa se extiende por alrededor de 1km. Después tienes la opción de hacer algún trekking por la jungla para acceder a otras playas. 

Imaginaos si se respira paz allí que no tienen ni cobertura de móvil ni mucho menos conexiones WiFi. Por no tener, no tienen ni electricidad. Sólo se conecta el generador eléctrico entre las 17h y las 22:30h cuando ya está oscuro y la gente acude a socializar a los bares de las guesthouses.

La noche allí también puede ser muy especial. Si el cielo está despejado y las aguas calmadas, un baño nocturno puede revelarte pequeñas fosforescencias en el agua, surgiendo al compás de tus movimientos, producto del plancton bioluminiscente. Toda una experiencia que difícilmente olvidaré.

Alguna vez habéis visto caer un rayo en directo?

Pues eso es lo que vimos nosotros hace tan solo unas noches. De hecho, no solo lo vimos, sino que lo oímos y lo olimos!

Estábamos tomandonos unas cervecitas en un garito cercano a la playa Serendipity en la ciudad de Sihanoukville cuando todo sucedió. El local en sí era semi-descubierto: al aire libre tenía su zona ajardinada y su piscinita para clientes; bajo techo estaban la barra y la zona de entretenimiento (con un billar y una pantalla gigante donde ponían los mejores momentos de la eurocopa). No había paredes para separar ambas zonas, así que se podía ver todo desea cualquier punto del bar en el que se estuviera sentado.

Comenzó a llover (últimamente nos llueve todos los días; unos más y otros menos, pero no se libra ni uno). No nos preocupamos en absoluto. Pero la lluvia se volvió más fuerte, acompañada de  viento y relámpagos. El suelo del bar comenzó a innundarse... mmm, por qué no nos habremos ido a dormir antes de la tormenta!?

Entonces cayó el rayo! Fue a parar justo encima de una pequeña caseta metálica en el jardín del bar. A unos 8-10m de donde estábamos sentados. El sonido fue ensordecedor y el destello de luz impresionante. Incluso se sintió un pequeño temblor. La música cesó de inmediato y comenzó a oler a quemado. Habían petado todos los equipos.

Nos quedamos todos paralizados por unos segundos, pero pronto la gente comenzó a revolotear y un murmullo general llenó el ambiente. A ver si deja de llover un poco para largarnos de aquí!!
Gracias a dios el dueño del local se movió rápido y en unos minutos volvimos a tener música. La gente se fue calmando. La tormenta también.

Finalmente cesó la lluvia y pudimos irnos a dormir. Esa noche hubo varias tormentas más, y no pude pegar ojo, pero aún así estoy contenta. Ya tengo otra anécdota más para contar a mis amigos, jeje.

martes, 3 de julio de 2012

Camino de Sihanoukville

Ya la noche anterior a nuestro viaje a Sihanoukville no presagiaba nada bueno. Paco se despertó sobresaltado a las cuatro de la mañana porque un mosquito se le había metido en el oído y sentía su zumbido constante taladrándole el cerebro. Mira que es complicado! Vaya mala suerte!

Con ayuda de una linterna pude comprobar que el mosquito efectivamente estaba allí y no era producto de los delirios de mí hermano. Y ahora cómo narices lo sacamos? No quise aventurarme a introducirle nada en el oído a ver si le iba a dañar el tímpano... necesitaba consejo de una profesional y sabía exactamente a quién acudir ;-).

Probé suerte con el whatsapp, en España serían las 23:30, así que igual la pillaba aún despierta: mamá, estás ahí? A Paco se le ha metido un mosquito en el oído. En medio minuto ya me había explicado cómo proceder con una jeringa y un poco de agua caliente (gracias, mamá!).

Probamos varias veces, pero el maldito mosquito se resistiría a salir. Quizás sea mejor llamar al seguro y que se lo saquen en alguna clínica camboyana. A las 6:30 estaba previsto que nos recogiera el tuk-tuk para llevarnos a la estación donde cogeríamos el bus a Sihanoukville. A media tarde estaríamos allí y podríamos ir a que se lo miraran sin problemas. Así que contactamos con el seguro y nos fuimos a dormir la media horita que nos quedaba antes de partir.

Cuando nos levantamos, el mosquito ya no zumbaba, y ya ni siquiera se le veía con la linterna. Se habrá salido? Veamos como transcurre el día y si vuelve a dar señales, ya sabemos donde acudir al llegar a nuestro destino.

Cogimos el bus y nos entretuvimos durante las primeras dos horas con una buena película en inglés (aleluya!). Una vez terminó la peli y durante las siguientes 14h de viaje "sufrimos" los infumables videoclips musicales de canciones "sonamos-todas-igual-y-siempre-nos-canta-una-mujer-con-voz-de-pito-que-se-pasea-por-jardines-con-la-mirada-perdida-al-infinito ".

Y digo 14h porque (ya no me creo que sean casualidades) nuestro autobús se volvió a estropear :-(. Estuvimos más de 3h parados en una cuneta mientras intentaban repararlo. Finalmente nos metieron en otro autobús de la misma línea pero que había salido varias horas después del nuestro. Por supuesto este autobús estaba lleno, así que nos tocó taburetito de plástico (algo muy común aquí) y a sentarse al pasillo.

Por suerte llegamos a Phnom Penh con el tiempo justo para pillar la última conexión a Sihanoukville y llegamos a nuestro destino a eso de las once de la noche. A todo esto, del mosquito no volvimos a tener noticias, así que aunque el día comenzó torcido, no podemos quejarnos de cómo terminó ;-)